Valor nutricional langostinos

El langostino, principalmente Penaeus kerathurus en el Mediterráneo y Litopenaeus vannamei en acuicultura, es un crustáceo marino ampliamente apreciado en la gastronomía mediterránea por su sabor suave, textura tierna y gran versatilidad culinaria. Pertenece al grupo de los decápodos y habita principalmente en fondos arenosos y fangosos del Atlántico y del mar Mediterráneo, aunque también existen especies distribuidas en mares tropicales de todo el mundo. En la actualidad, una parte importante de su producción procede de la acuicultura, lo que permite su disponibilidad durante todo el año y una oferta más estable en el mercado.

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Desde el punto de vista nutricional, el langostino destaca por su elevado contenido en proteínas de alto valor biológico, con un aporte aproximado de 24,3 g de proteína por cada 100 g de porción comestible. Estas proteínas contienen todos los aminoácidos esenciales necesarios para el mantenimiento de la masa muscular y la reparación de tejidos. Además, presenta un contenido reducido de grasa total (0,8 g/100 g) y un aporte energético moderado, lo que lo convierte en una opción interesante dentro de una alimentación saludable y equilibrada.

En relación con su perfil lipídico, contiene pequeñas cantidades de ácidos grasos poliinsaturados, incluyendo omega-3 como el DHA y el EPA, asociados al mantenimiento de la salud cardiovascular y del sistema nervioso. 

Desde el punto de vista de micronutrientes, el langostino es una fuente importante de vitamina B12, niacina, fósforo, potasio, zinc, hierro y yodo, destacando especialmente su contenido en selenio por su papel antioxidante.

Otro componente relevante es la astaxantina, un pigmento carotenoide responsable del color rojizo tras la cocción, con gran actividad antioxidante y potencial interés en la protección frente al estrés oxidativo.

Las recomendaciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) indican que el consumo de pescado y marisco forma parte de una dieta saludable, recomendando variedad y equilibrio en su ingesta. Los crustáceos como el langostino presentan niveles relativamente bajos de mercurio en comparación con peces depredadores, por lo que su consumo moderado es seguro dentro de una dieta variada.

Gracias a su sabor delicado y rápida cocción, el langostino puede prepararse cocido, a la plancha o al horno, e incorporarse en arroces, ensaladas, pastas y guisos.

Curiosidades

  • ¿Sabías que este crustáceo pasa gran parte del tiempo semienterrado en la arena dejando visibles únicamente sus ojos? Este comportamiento le permite vigilar el entorno y detectar posibles depredadores.
  • Otra curiosidad es su cambio de color durante la cocción. En estado crudo presenta tonalidades grisáceas o azuladas debido a que la astaxantina se encuentra unida a proteínas del caparazón. Con la aplicación de calor, estas proteínas se desnaturalizan y el pigmento se libera, apareciendo el característico color rojizo.
  • El langostino, como otros crustáceos, realiza ecdisis, es decir, la muda periódica de su exoesqueleto para poder crecer. Tras cada muda, el nuevo caparazón permanece blando durante un tiempo hasta endurecerse completamente.
  • Aunque suele asociarse a celebraciones como las comidas navideñas, la mejor temporada para su consumo se concentra en los meses de verano, cuando presenta mayor disponibilidad en el mercado y precios más accesibles.

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